
Foto: ©Unamamadeotroplaneta
Nunca eres más fuerte y poderosa que cuando estás pariendo. Nunca eres tan animal, tan primaria, tan mágica y milagrosa. Y nunca estás tan indefensa. Ponerte en manos de alguien que te eleve o que te hunda puede cambiar totalmente tu parto. Convertirlo en una tortura o en una proeza, en un recuerdo que te persigue o en uno que revives con una sonrisa. Mi primer parto fue una «tortura» que me persiguió durante años. La pena de sentir que me lo habían robado, la rabia por habérmelo dejado robar, el remordimiento de saber en mi fuero más íntimo dónde quería parir y no haberme escuchado. Mi segundo parto fue todo lo contrario, un recuerdo que revivo respirando profundo, con gratitud. En mi segundo parto no sólo me escuché, también me hice caso y me fui a Torrejón buscando una segunda oportunidad para el parto que quería tener. Respetado, acompañado, empoderado, mío. Continue reading →